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Jaime Aparicio: La Gacela Blanca
Escrito por Daniel Dionisi    Miércoles, 09 de Diciembre de 2009 10:04    PDF Imprimir E-mail
Otros Deportes - Atletismo
Jaime Aparicio

La Gacela Blanca en una de las tantas competencias que ganó / Foto: Especial Pasionsports

Jaime Aparicio Rodewalt nació en 1930 en la ciudad de Cali. Fue considerado el atleta colombiano más importante del Siglo XX. Llegó al atletismo casi por inercia. Su madre –Ernestina Rodewalt- había practicado este deporte de joven, y su padre –Abraham Aparicio- era el seleccionador nacional del equipo de atletismo femenino. Jaime comenzó a practicar esta disciplina con tan sólo 6 años, y en ese entonces se le vieron cualidades y aptitudes para este duro deporte. “Desde niño me gustó el deporte gracias a la influencia de mis padres que todos los días se desenvolvían en ese medio”, recordó el campeón panamericano.

La Gacela Blanca, como se le conocía en los medios nacionales, se dedicó desde siempre y exclusivamente a las competencias de 200 y 400 metros llanos y 400 con vallas, consiguiendo a lo largo de su exitosa carrera deportiva, desde el colegio hasta los Juegos Panamericanos de 1955, múltiples medallas de oro, plata y bronce.

En un principio Jaime se ejercitaba en el colegio Berchmans –colegio de jesuitas- en Cali, y con el tiempo pasó a entrenar en la Liga Vallecaucana de Atletismo, que era donde los deportistas de élite se reunían para practicar. Los 79 años que tiene a cuestas no se le ven por ningún lado: “Todo se lo debo al deporte”, dice.

A pesar de su edad, el múltiple medallista recuerda como si fuera ayer todas y cada una de las competencias en las que obtuvo preseas: “la que más recuerdo es la medalla de oro en los Panamericanos de Buenos Aires 1951, fue una alegría enorme poder ganar los 400 metros con vallas en esa hermosa ciudad. La quiero como si fuera mi segunda casa”

Obtuvo su primer título en 1947, cuando se proclamó campeón en los 400 metros vallas en el Campeonato Bolivariano, celebrado en Lima. Desde ese año empezó a ganar medallas en casi todos los campeonatos nacionales o internacionales en los que participó. Bolivarianos, Sudamericanos, Centroamericanos y Panamericanos, en todos tiene por lo menos un podio.

En los Juegos Olímpicos de 1948 y de 1956 participó en los 400 metros vallas obteniendo un decoroso 12° lugar en ambas justas. Al regresar al país, en ambas ocasiones, fue recibido como héroe nacional por dichos resultados. “El gobierno me recibía muy bien cada vez que llegaba de un viaje exitoso en el que obtenía logros deportivos para el país, pero las dos veces de los olímpicos yo no esperaba nada e igual fui agasajado por mi resultado”, comenta Jaime mientras mira, con cara de satisfacción, la medalla de oro de los Panamericanos del 51.

Pero no todo fue gloria y buenos resultados para este excelente atleta colombiano. Durante una prueba en un campeonato nacional celebrado en su ciudad natal, Jaime sufrió una lesión en la rodilla que lo mantendría alejado de la alta competencia por más de un año. “En ese entonces recuperarse de una lesión como la que sufrí era muchos más demorado que ahora, la medicina era más precaria y no se tenían los avances tecnológicos con los que se cuentan actualmente”, comentó.

Durante sus años de competición, estableció las mejores marcas colombianas en las categorías de 200 y 400 metros llanos y 400 con vallas. Fue el primer deportista colombiano que recibió la Cruz de Boyacá, en reconocimiento a sus logros deportivos. En 1958 se retiró de la práctica del atletismo para continuar su vida profesional como arquitecto.

Mientras Jaime sigue mirando sus fotos y medallas, recuerda con mucha alegría cuando fue elegido para el cargo de Directos Técnico Deportivo en los Juegos Panamericanos de 1971 celebrados en Cali. Evento en el cual fue el último encargado de portar la antorcha y encender el pebetero. “Haber sido el último portador de la antorcha creo que fue el mejor regalo por parte del pueblo colombianos y caleño, es algo que jamás olvidaré” rememoró el ex atleta.

La Unidad Deportiva Jaime Aparicio, construida para albergar a los Juegos Panamericanos del 71, y el auditorio Jaime Aparicio Rodewalt de Cali fueron nombrados en su honor como muestra de agradecimiento a sus múltiples logros.

Actualmente disfruta de sus noches de ocio observando las estrellas desde la terraza de su casa donde tiene alojada su otra gran pasión, la astronomía. Ese cable a tierra que todo ser humano necesita para tener una vida plena.

 

Daniel Dionisi

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